Cuando se desea un espresso uno se prepara mentalmente no sólo a un momento de relax sino también al placer de la degustación.
Un espresso bien servido, que satisface ese deseo, es la mejor tarjeta de visita para un bar y el colofón ideal para rematar un gustoso almuerzo o cena en el restaurante.
Come demuestran los estudios, en efecto, ese aspecto es el principal factor de éxito en la restauración. Porque entre dos bares a los que resulta cómodo ir, se elige
siempre aquel donde el servicio y el producto se reputan mejores.
Las variables que influyen en la calidad en la taza son muchísimas y por lo tanto es indispensable que
el propietario del lugar donde se sirve el espresso considere cada paso fundamental para calificar su establecimiento.
En otras palabras, para garantizar el resultado final, ante todo se debe compartir un recorrido de calidad entre quien propone la mezcla y quien la transforma de cara al consumidor final.
Si tal condición se hace realidad, los dos protagonistas podrán ver claramente los roles y las actividades necesarias para no desilusionar nunca las esperanzar del juez último de la calidad de un espresso: quien lo saborea.
Un recorrido en el cual el continuo intercambio de competencias permitirá estar siempre en línea con las exigencias de un público que sabe premiar la calidad con la fidelidad a un establecimiento.