Para poder elegir el producto más adecuado para el propio establecimiento, ya no basta un “acto de fe” respecto a una marca.
Si la marca puede ayudar a calificar un local, es mucho más importante comprender la calidad que uno se apresta a servir en la taza para resultar siempre creíbles a los propios consumidores.
Comprender la calidad significa:
- No acontentarse de un simple porcentaje entre arábica y robusta.
Esta información por sí misma no significa nada. Lo que influye en su sabor y en el perfil organoléptico del producto depende, en efecto, de cada uno de los orígenes utilizados, del tipo de elaboración y de la clase de pertenencia de los granos. Profundiza.
- Pedir el perfil organoléptico correspondiente a la extracción de la bebida para aquella mezcla específica que sea explícito en lo tocante a:
o Vista: características de la crema.
o Olfato: caracteristicas perceptibles directa e indirectamente que constituyen el bouquet aromático del espresso.
o Gusto: características intrínsecas del sabor prevalente del espresso.
o Tacto: percepción de la consistencia en el paladar.
- Verificar los parámetros de extracción apropiados para aquella mezcla: grado de molienda (a controlar constantemente), dosis, temperatura de extracción.
- Controlar el perfil organoléptico declarado en base a los parámetros de extracción correctos.
Más allá de la mezcla será necesario identificar el producto más indicado respecto a los consumos del propio establecimiento.
Por debajo de las 100 distribuciones al día, se debe valorar la conveniencia de utilizar el producto en granos. Una elección más correcta está representada por el formato monodosis que, gracias también a la disponibilidad de equipos profesionales, consiente aprovechar mejor la pastilla obteniendo una calidad de nivel constante y un producto nunca expuesto al efecto degenerativo del oxígeno en los granos.
Las mezclas 7Gr., Time, People y Always están estructuradas para alcanzar un resultado de excelencia en la taza; cada una de ellas posee un DNA declarado y reconocible al que se presta una constante atención en todo el proceso productivo y cuya constancia puede controlarla siempre quien ha elegido el producto.