09 04 2010
Para obtener una extracción perfecta, con este tipo de producto, el molido es fundamental.
1. Cerciórate de que la máquina esté a la temperatura exacta, en especial, a la hora de preparar el primer espresso de la mañana. Antes de enganchar el portafiltro en la máquina, controla que esté vacío. Pon una tacita en la base de la máquina y deja que salga agua caliente, para que el portafiltro se caliente.
2. Pon los granos en el molinillo-dosificador (que no sea una cantidad excesiva, porque el oxígeno menoscaba el café: cuando éste permanece más de lo debido en el molinillo-dosificador, el contacto provoca la rancidez de las grasas y olores indeseables). Muélelo hasta obtener un polvo fino.
3. Pon la dosis exacta de polvo (7 gramos) en el portafiltro, mediante el dosificador de serie de la máquina. Equivale a unas 3 cucharillas de café llenas.
4. Presiona el café en polvo con el macillo profesional 7Gr. o con el que viene con el equipamiento de tu máquina. Coloca la base del portafiltro (y no la boquilla dispensadora) sobre un apoyo firme y aprieta con decisión y sin crear desniveles en el café en polvo.
5. Elimina con la mano los restos de polvo que hayan quedado en el borde del portafiltro, pues podrían menoscabar las guarniciones del grupo.
6. Engancha el portafiltro en la máquina y efectúa la extracción de tu espresso. La extracción perfecta debería concluir en unos 25/27 segundos. Tiene que salir un chorro fino y continuo por la boquilla, hasta obtener 25 ml en la taza. Si tal no es así, controla el molido. Si sale más rápidamente de lo debido, muélelo más fino para obtener una extracción con todas las cualidades organolépticas del café. El problema también podría deberse a la dosis (menos de 7 gr) o al prensado (poca fuerza). Si el café sale muy lentamente (tarda más de 30 segundos), puedes haberlo molido demasiado fino, lo cual provoca una “sobre-extracción”. En este caso, también es aconsejable controlar la dosis (demasiado café en polvo) y el prensado (demasiada fuerza).
7. A la postre, elimina el poso de café usado, vaciando el filtro de inmediato, para que las extracciones posteriores no adquieran olores indeseables.
Si deseas emplear el producto molido, en tu cafetera tradicional (“moka”), recuerda que este tipo de extracción requiere un molido más grueso.
Con el tiempo, irás comprendiendo que el ritual de preparar un expresso tiene poco que ver con las instrucciones y los números y que es cuestión de sensibilidad hacia el producto. Cuando des con los parámetros exactos para tu espresso perfecto, coge un poco de polvo entre los dedos y trata de memorizar la sensación. Será tu guía de auténtico espresso lover.